
Una calle cualquiera, de un país desconocido. Una revuelta triunfa y una dictadura se desmorona. Nada se sabe sobre el tinte político de la dictadura derrocada, nada identifica la ideología. El autor nos encamina en las tenues sombras del silencio hacia el drama.
Tras el fuego y los gritos, la oscuridad. Una amplia estancia de un palacete, un anciano dictador permanece preso por sus propios ex colaboradores en su biblioteca privada. El hilo conductor es un joven abogado educado en el extranjero, apenas informado de la situación política de su nación, que a través de sus ojos, desde la llegada al aeropuerto hasta su entrevista con su eminente cliente, nos describe la situación de base de la novela.
El primer encuentro nos da la primera visión del dictador, imponente, autoritario, firme y orgulloso; pero con el pasar de la entrevista el mármol de su imagen pública se quiebra, se observa la decepción, la senectud, la soledad, el dolor e incluso el miedo.
Las intensas 473 páginas abarcan las dos horas que van desde la llegada del abogado hasta el fulminante proceso y la resolución del mismo. La mayor parte del tiempo se consume en la entrevista entre defensor y defendido, en un ambiente cada vez más íntimo y en un tono de confesiones póstumas.
El joven parece representar la inocencia, la creencia en las instituciones, el deseo de justicia y la confianza en la ley, por la contra el anciano tirano es la viva imagen del desengaño, de la viva conciencia de la corrupción de cualquier sistema, la desesperanza en la viabilidad de algo digno y justo.
La entrevista tiene tres marcadas fases, una primera en la que el personaje central da largos monólogos centrados en la mezquindad humana, en las traiciones de sus protegidos, en las anécdotas personales en como protegió antaño a este o al otro, parte pues de aquello más personal para adentrarse en una segunda fase en la que domina el dialogo fluido y la versión del tirano de sus 37 años de gobierno, sus esfuerzos y desvelos, sus fracasos, sus deseos con motivo de la cosa pública y termina en una patética reflexión en los que el dictador recuerda los comienzos de su régimen, sus ideas y su revolución.
Un contraste durísimo entre la esperanza de la juventud, sus ideas y sus buenas intenciones y el desengaño y el fracaso de la edad adulta.
El proceso y la conclusión del mismo son un espeluznante relato de la brutalidad humana, de la crueldad gratuita y de la levedad del poder. Algunos verán en este libro una defensa de la doctrina democrática y una amenaza para aquellos que la enfrenten. Sin embargo nosotros creemos que la ausencia de cualquier dato, nos lleva a un escenario propio del arte tardo medieval en que se escenifican las edades del hombre con una fuerte carga de desconfianza en la raza humana y en nuestro propio futuro.
2 comentarios:
Bueno, a mi me resulta un tanto sospechoso que coincida la publicación de este libro con los altercados en cualesquiara que sean los paises norafricanos en conflicto institucional. Me atrevo a denunciar al Sr. Lavoisier como a un oportunista maléfico y coyuntural.
Quéjese usted a la editorial en todo caso. La obra trasciende hechos puntuales, sean éstos egipcios o tunecinos.
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