
Vegetación Palpitante es la segunda, y sin duda la mejor dentro de la prolífica obra de Editha Dundee. Escritora precoz, a sus trece años atemorizaba con sus relatos a sus padres que la llamaban con cariño y temor “la pequeña agorera”. Empezó contando sus historias en la comidas familiares, y movidos por la angustia y el desagrado que les provocaban justo después de comer obligaron a la chica a dar el paso que sería el más importante de su vida, el salto de la imaginación al papel.
Vegetación Palpitante narra cómo una pareja de australianos veganos se muda a un pueblo de Escocia, Lochgoilhead por motivos de trabajo. Muy enamorados, desde un primer momento quedan entusiasmados con la belleza natural del lugar, que parece no haber sido tocado por el progreso. En la primera parte "El musgo", relata la llegada y la entrada en la casita de piedra y muestra la relación de Alice y Alan, una relación cordial y afectuosa. Sitúa de esta manera al lector en un ambiente de confianza y bienestar, en dónde la calidez del fuego del hogar aviva los corazones y enciende el rubor en las mejillas. Pero este ambiente agradable tiene la función, desde el punto de vista estructural, de contraste frente a la segunda parte, "La vida del Pantano" en dónde pueden verse muchos de los elementos propios de la novela gótica. Este bienestar se ve turbado por un detalle insignificante que consigue que poco a poco se vaya instalando la inquietud en sus rutinas: uno de los brotes de soja de Alice comienza a crecer exageradamente. Cada día ocupa más espacio dentro de la habitación, hasta que se convierte en una jungla inexplicable. Luchan con la planta pero no sólo crece de nuevo rápidamente, sino que además se va apoderando del resto de la casa. Si bien comienza siendo algo metafórico, poco a poco las dificultades van siendo literales: tanto para respirar como para moverse....también para pensar. Y esta impotencia transmite una congoja y una intensa sensación opresiva de incomodidad y de desaliento, que se ven dramatizados por el uso de un lenguaje y un lirismo que giran en torno a la vida vegetal monstruosa. En lo psicológico es la emoción exaltada la que marcará el tono de la obra. Los protagonistas pasan de la suave melancolía a la desesperación y con ella se ensombrecen y convierten en extraños momentos en los que aparentemente no está pasando nada en particular. Otro elemento que causa esa extrañeza es su aislamiento: sus intentos por comunicarse se ven frustrados por la densa humedad del ambiente que nubla sus mentes y dispersa sus pensamientos distanciándoles pero dejándoles ser conscientes del otro por una simbiosis fantasmagórica. Justo antes de su sugestivo y sugerente final, cuando Alice y Alan forman parte de la morfología de la casa viva, despojados ya de sus cuerpos, tiene lugar el momento más sobrecogedor y emocionante de toda la narración. Y cuando se precipita ese final, la certeza de que si no termina pronto se puede morir por asfixia, no es solo una idea de la novela. Es algo real.
Hay quien dice que Editha tuvo muy presente la serie de La cosa del pantano pero se trata de un anacronismo teniendo en cuenta que este libro se publicó unos diez años antes. Además, aunque coincidiesen en el tiempo, no serían comparables dado el tono de La Cosa del pantano, que es completamente diferente. No cabe duda de que es una de la mejores sagas de comics que existe, pero lo que hace Editha Dundee tiene que ver con un intento por dar expresión al sentimiento de lo cotidiano convertido de repente en algo extraño. Es algo más cercano a muchos de los relatos de Maupassant, y en lo que respecta a la relación de los personajes ,a la obra de Shirley Jackson (también en este sentido el lugar, la casa como ente que cobra vida propia) por lo que la comparación resulta del todo inapropiada. Ha sido tantas veces malinterpretada que incluso se ha querido ver en esta historia elementos de La invasión de los ultracuerpos o incluso se ha llegado a explicar a partir de La pequeña tienda de los horrores...., la crítica de su obra sustentada en argumentos equivocados ha sido responsable de que esta maravilla se suela infravalorar y que haya pasado desapercibida o considerada como una historia subgenérica dentro su género. Es una pena, porque es un clásico del terror que estoy segura que nunca envejecerá por su salvaje atavismo. Y es además uno de mis preferidos, junto con su autobiografía Dundee, historia de la despersonalización, muy difícil de encontrar en las librerías. Pero no imposible.
2 comentarios:
Leí el libro hace un tiempo y ya pensaba que era el único que se había dado cuenta de lo mucho de "La invasión de los ultracuerpos" que tiene la novela.
Nina a mí me parece que es una de las más flojas de Editha... Me quedo con cualquier obra de su etapa de madurez.
Y lo de la invasión de los ladrones de cuerpos y sobre todo la pequeña tienda de los horrores... buf, estoy contigo, ¡no tienen nada en común!.
Pero ya se sabe que hay una buena parte de la crítica que las compara... ESA otra crítica de las impresiones, viseras transparentes y puros con sabor a vainilla. Aquí a Walter Nativo se le ve el plumero... ¿No será un redactor infiltrado del Diario del día después?
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