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jueves, 10 de marzo de 2011

En la corte de mis sueños

Se ha calificado de novela experimental a la obra de Fernando Ferlosa. Vicente es un joven trabajador de banca, casado y aficionado al atlético de Madrid. Sale de su trabajo a las ocho y media de la tarde de un viernes, tiene que ir a recoger las entradas del espectáculo al que quiere ir Sonia, su novia. Las taquillas cierran a las 9. En las prisas por llegar bajo la lluvia de la ciudad atraviesa una calle sin mirar y es arrollado por un chaval montado en monopatín. La mala suerte quiere que en su caída se golpeé la cabeza contra el bordillo y quede en coma.

La novela toma entonces una dirección dual. Por un lado narra las visitas de sus conocidos a su habitación y el mundo real que se desmorona y del otro nos presenta el sueño de Vicente. Vicente desde su caída en coma entra en una ensoñación en la cual es un emperador del etéreo. Su palacio sobre las nubes le alberga. Allí está casado con dos mujeres, Elsa Pataky y Angelina Jolie, mientras que su mujer se convierte en su principal enemiga, una perversa bruja que trata de destruir su mundo ideal. Su jefe aparece convertido en su molesto pero graciosillo perro-parlante, que es pateado continuamente, y su ejército no viste cota de malla, ni uniforme militar, sino la elástica del Atletico de Madrid.

La aventura comienza entonces en una guerra contra la malvada bruja y su guardián, su amigo Ernesto, que lideran un ejército de camisas blancas.

Los personajes de sus sueños van apareciendo según le visitan, adquiriendo una realidad muy diferente en su nuevo mundo.

No revelaremos las diferentes ocupaciones de los conocidos de Vicente, que nos ponen ante los deseos del subsconsciente del mismo. Es un ensayo psiquiátrico, sobre el enfoque de la realidad en la profundidad de nuestra mente, las diferencias claras de nuestro comportamiento respecto a nuestros secretos deseos. La fantasía personal liberada de toda racionalidad, de toda deferencia y respeto, la brutal venganza.

Cuando nadie habla al convaleciente, este se entrega a sus fantasias sexuales, a conversaciones con su "padre" en su mundo ideal, el doctor House, y a debates futbolísticos militares con sus consejeros Jesús Gil y Gil, Paolo Futre, Abel Resino, Caminero, Kiko y Juanma Lopez. Ellos y algunos miembros más forman una suerte de ministerio de Defensa llamado "El Doblete" defendido por dos enormes Elefantes bípedos.

Choca la felicidad del nuevo mundo de Vicente, con el sufrimiento de la realidad de aquellos que le quieren. Sin duda la fuerza introspectiva del autor sobre el subconsciente de Vicente es tan fuerte que nos hace creer que estamos ante una realidad plausible, pese a presentarnos numerosos aspectos imposibles, como ver a los Rolling Stone convertidos en el coro parroquial de la capilla de su palacio o a Hulk Hogan de tabernero.

Tras meses de coma Vicente logra derrotar a todos sus enemigos, alfombrando El Doblete de camisas blancas en una labor que le hará llorar de alegría durante tres días en el mundo real y que su mujer interpretará como que esta sufriendo estallando en un llanto desconsolado que resonará en su mundo como el gemido de la derrota de la malvada bruja, que finalmente cuando va a ser ejecutada despierta en él un intenso sentimiento que le lleva a besarla y despertar.

Un vendaval de pasiones encontradas en un mar de felicidad, una hipótesis sobre el desconocido mundo de la inconsciencia. Una propuesta dinámica y positiva sobre "el alma" humana y una crítica a nuestra realidad del día a día, que nos agota y extenúa hasta el punto de hacernos odiar a casi todos los que amamos.

Pero tras ese leve rastro negro, enseguida asoma la esperanza de un sentimiento más hondo y olvidado que emerge en el momento crítico, el del verdadero amor, olvidado en diversas capas de resentimientos y problemas de nuestra vida diaria.

Su profundidad sentimental lleva a la novela en ocasiones a ser dura, pero siempre con un tono simpático, que no puede ocultar en modo alguno la crítica brutal contra la realidad de nuestro tiempo y el abandono de nuestra felicidad en búsqueda de unos bienes materiales que nos esclavizan más que nos complacen. Quizás solo nos quede soñar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que no daría yo por tener a Hulk Hogan de tabernero... que me golpee un monopatín!!!!!

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