
Tras siete años de sequía creativa, con varias supuestas adicciones superadas y bajo una declarada bancarrota, el músico y dramaturgo Leonard Ramírez destapa su faceta poética con unos extractos muy suntuosos que, a veces rozando lo aberrante, aveces alcanzando la excelencia, llenan un espacio vacío en la literatura del autor.
Al recibir el poemario de escasas 50 páginas en un formato más bien parco, la primera impresión es una mezcla de vergüenza ajena y tierna lástima materna puesto que dadas las circunstancias y bajo el yugo de los razonables prejuicios, uno puede pensar que el delgado libro es más, una poco delicada artimaña para pagar deudas que lo que realmente es, una obra con la más turbadora y enigmática poesía.
Quien haya tenido la oportunidad y satisfacción de leer la obra de Leonard Ramírez y de reflexionar sobre las letras de sus áridas canciones, se habrá dado cuenta, o al menos habrá intuido, que podría existir algún denominador común que cohesionase toda su creación. A pesar de lo insustancial de lo que voy a decir; los seguidores del autor siempre hemos concluido que la mayor de las cualidades de su obra es la generación de una especie de alma inconclusa y borrosa que alimenta la necesidad casi anhelante de reconstruir todo su universo con los detalles escondidos en su mente. Y es ese el vacío imperfecto el que llena, bajo el cegador anonimato la metáfora poética, este poemario llamado “La Marabunta Azul”. Tal vez pague sus deudas con las más que prometedoras ventas que consiga tras la publicación, pero lo hará a cambio de una teoría unificada del universo, su personal y misterioso universo.
También cabe recalcar que a pesar de ser un valioso aliado para la comprensión de la mente de Ramírez, este libro además cobija bajos sus páginas una poderosa y afilada poesía a veces Nerudiana y a veces Bukowskiana que no dejará el insuficiente sabor de la indiferencia en ningún paladar.
Se intuye en sus contenidos poéticos un cambio de paradigma en el que la irresolución se plantearía reversible puesto que tras la lectura de esta “Marabunta Azul” por aquellos que no sean seguidores acérrimos del autor, se experimentará usa sensación de inexorable necesidad por sumergirse en un universo que si se me permite la conclusión, también es azul.
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