
Pongamos, de entrada, las cartas sobre la mesa: un profesor universitario de literatura solitario, fondón, calvo y de higiene laxa, el secuestro de una estrella televisiva pasada de moda y, de fondo, un retrato de la degradación intelectual de occidente: ¿a que sólo con eso ya dan ganas de leerse esta novela?
Mario Ridruejo es el profesor, una huraña criatura, de otro siglo (a determinar), que se refugia tras sus gafas de rayados cristales y se parapeta en su trinchera de libros frente a lo que considera una conspiración a gran escala. Esta conspiración, cuyo estudio ocupa gran parte de su tiempo, estaría orquestada por un pequeño grupo de hombres poderosos (supuestamente autodenominados como "la Estirpe") que tienen por objetivo terminar con la intelectualidad y dominar plutocráticamente sobre las dóciles masas ignorantes.
Guiado por una lógica desordenada, basándose en unas premisas esquizofrénicas y alcanzando unas conclusiones "especiales" a partir del mundo que le rodea, Mario comprende, por fin, que la televisión no es mala por casualidad y que los culpables de la existencia de la telebasura no son más que bravos soldados que defienden la causa de la Estirpe. Mario dedica, desde hace años, todo su tiempo libre a elaborar un plan de contraataque destinado a acabar con el reinado del terror de la sociedad secreta de la que se declara el máximo enemigo. Así, convencido de que debe liderar la acción, sitúa el punto de mira sobre el presentador del programa de periodismo rosa de mayor éxito y se pone manos a la obra para dar su golpe.
Debido a que Mario es especialmente metódico -a su modo subnormal- tarda demasiado en llevar a cabo su plan de secuestro del personaje televisivo. Tarda tanto que cuando lo consigue secuestrar éste está ya acabado y su fama es un mero recuerdo del pasado, un mal chiste: un drogadicto, con tres ex-mujeres, con una deuda contraída con la mafia rusa que amenaza hacerle perder la vida (lo que no le importaría si no se fuera con esa sensación de deberle "unas cuantas" a más de un directivo del canal de televisión que se la jugó años atrás) .
A partir del encuentro de estos dos personajes la trama da un giro y de su neurótica y contra-natura alianza no sale nada bueno... con la salvedad, por supuesto, de esta gran novela.
Daniel Laringe culmina, con ésta, su tercera novela. El dibujo de los protagonistas es pormenorizado y su evolución nos alumbra en el tortuoso camino de una historia que de cualquier otra manera nos parecería caótica y desordenada. El personaje de Mario está, sin duda, basado en Ignatius Reilly salvo en que el primero cree firmemente en el principio de la reacción frente a la pasividad y no duda en poner en peligro su fofo y feo cuerpo para lograr ver cumplidos sus anhelos.
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