
El físico teórico británico Robert Alongside nos sorprende esta semana con la publicación de una novela de ciencia ficción que es mucho más de lo que puede parecer en un primer momento.
Autor muy prolífico en cuanto a publicaciones científicas y últimamente muy conocido por sus amenos libros de divulgación, Alongside debuta con Debemos un gallo a Asclepio en la novela de ficción, más concretamente en la ciencia ficción distópica.
La novela nos sitúa en el año 2723 en Atenas, capital de turno de la República Unificada de Europa, en un entorno en el que la no existencia de enfermedades ha alterado la manera en la que el ser humano se relaciona con el resto y el modo en el que se plantea su existencia. En un mundo en el que el ser humano que se lo puede permitir económicamente guarda copias diarias de seguridad de su "alma" (entendiendo el alma como el modelado de todas las conexiones neuronales en el cerebro de una persona así como el estado de todas las terminaciones nerviosas en el momento de la copia) y sólo puede "morir momentáneamente" a causa de un accidente, la reproducción humana se limita a una eugenesia diseñada para la colonización de planetas y estaciones espaciales y a la réplica del modelo de "alma" de una persona almacenada en una base de datos, en caso de necesidad. El ser humano ha logrado, gracias a los avances de la ciencia médica, vencer a la muerte, vivir en plenitud física y mental de manera eterna y burlar cualquier tipo de malestar devenido de las enfermedades.
Una vez presentado el ambiente de la novela, su acción se dispara cuando tiene lugar un ataque terrorista que destruye un Banco de Datos de Vida en Oslo, acabando con las copias de prácticamente toda la población de Escandinavia. A consecuencia de la explosión del edificio se registran también las dos primeras muertes totales en el primer mundo en más de 200 años. A este ataque terrorista suceden otros en distintos lugares del mundo, por lo que el miedo a la muerte vuelve a asolar a quienes ya se habían olvidado de dicha sensación.
Andreas Goumenos, el protagonista de la historia, es un periodista ateniense que empieza a recibir mensajes de quienes, a primera vista, parecen ser los causantes de los ataques. Siguiendo la investigación de Goumenos vamos descubriendo que el gran boom científico de los siglos XXI y XXII tuvo muchas más sombras de las que se conocen, ya que sólo los más poderosos pudieron acceder a las mejoras sanitarias que mejoraban su vida. Lo que se denominaba tercer y cuarto mundo fue muriendo y desapareciendo antes que uniéndose al primero para participar del desarrollo... pero Andreas va a descubrir que no todo ese mundo de segunda categoría desapareció.
Es importante recalcar que Alongside no nos pinta un mundo regido por fieras dictaduras, con seres controlados por drogas mentales o con censuras brutales de la información. Se aleja así el autor de las más conocidas distopías como pueden ser 1984 o Un Mundo Feliz. Alongside perfila una sociedad tan extensivamente conectada, con tal acceso ilimitado en la práctica a una cantidad tan inabarcable de información, que las tendencias narcisistas y hedonistas de tal sociedad inmortal y amoral se encargan de moldear y recortar la realidad sin necesidad de ser dirigidas por seres supremos o grandes hermanos. En este punto creo que Robert Alongside da en el clavo al plantear una distopía que no cuesta nada creer tomando el momento actual como punto de partida.
El título de la novela, Debemos un gallo a Asclepio, rememora las últimas palabras de Sócrates que dijo antes de morir envenenado con cicuta, castigado por haber sido encontrado culpable de, entre otras cosas, no creer en los dioses. La referencia a Asclepio, el dios de la medicina, ha sido considerada a la vez una burla y un arrepentimiento del filósofo cuando éste vio a la muerte acercarse. Esta dualidad en su significado es utilizada por el autor para acentuar la crítica al uso capitalista de los avances científicos así como para realizar una reflexión acerca de la amoralidad a la que puede conducir la consecución de los fines utópicos de la investigación médica.
¿Es una constante en el ser humano querer ser dios? ¿Es ése el sentido de su existencia? ¿Debe tener finalidad esta huida hacia adelante o es sólo el movimiento hacia un futuro inalcanzable lo que debe motivar a la ciencia? Pura filosofía de la ciencia la que se encuentra entre las líneas de este libro, que paga con creces la deuda de Sócrates a Asclepio.
2 comentarios:
Una enormidad solo al alcance de un genio.
YO VEO EN LA OBRA, UNA PREOMONITORIA EVOLUCIÓN AGENÉTICA QUE LLENA DE ESPERANZA A TODOS AQUELLOS QUE TEMOS LA FORTUNA NO PERTENECER LOS MUNDOS SEGUNDO, TERCERO Y/O CUARTO.
Publicar un comentario